Hay aspectos de vivir con diabetes tipo 1 que comentamos con bastante facilidad: qué hacemos al practicar deporte, cómo nos afecta una comida complicada o qué ocurre durante la noche. Del sexo hablamos bastante menos. Y, sin embargo, la diabetes también se mete en la cama.
Si utilizas insulina, es bastante fácil que en algún momento se te pase por la cabeza la posibilidad de tener una hipoglucemia durante una relación sexual o unas horas después. Al final hay actividad física, emociones, cambios hormonales y, muchas veces, ocurre justo antes de dormir. Una pequeña investigación de la Universidad Médica de Varsovia ha intentado medir qué sucede realmente con la glucosa durante las relaciones sexuales en personas con diabetes tipo 1.
Participaron 12 adultos, siete mujeres y cinco hombres, con una edad media de 36 años. Utilizando sus sistemas de monitorización continua de glucosa, los investigadores analizaron 110 relaciones sexuales. El resultado que más me ha llamado la atención es que no registraron ninguna hipoglucemia considerada clínicamente significativa. Eso no quiere decir que la glucosa permaneciera estable.
En el 58% de los encuentros, la glucosa media posterior bajó de 180 a 132 mg/dl. En el 42% restante ocurrió justo lo contrario: subió de 122 a 164 mg/dl. Es decir, parece que tampoco aquí la diabetes tiene demasiadas ganas de comportarse siempre igual.
Por la noche sí observaron una bajada media, de 165 a 147 mg/dl, mientras que durante el día no encontraron un cambio significativo. Me parece interesante porque pone datos a algo muy personal. La diabetes ya ocupa bastante espacio en una relación de pareja. Está el sensor que pita en mitad de la noche, la bomba, las hipoglucemias que nuestra pareja termina aprendiendo a reconocer, el "¿estás bien?" cuando nos nota raros o ese zumo que alguna vez alguien ha tenido que ir a buscar.
Lo último que necesitamos es añadir otro miedo que nos haga evitar la intimidad. Estos resultados son tranquilizadores, pero el estudio es muy pequeño y cada persona puede reaccionar de manera diferente. Quizá lo más útil sea precisamente tener un MCG y conocer cómo responde nuestro propio cuerpo, en lugar de asumir que el sexo necesariamente va a provocarnos una hipoglucemia.
Porque también de esto trata vivir con diabetes: aprender cómo responde nuestro cuerpo sin permitir que el miedo decida por nosotros.
¿Habéis notado alguna vez bajadas o subidas de glucosa después de mantener relaciones sexuales?
¿Es algo que tenéis en cuenta o nunca os lo habíais planteado?