Es muy típico culpar a la diabetes de muchas de las cosas que nos pasan.
A veces nos viene bien tener una excusa a mano

pero normalmente no es así.
Al inicio es lógico tener dudas, tener miedos o sensación de no saber hacia donde vas...es normal. Pasado un tiempo, cuando notes que controlas tu diabetes y veas que no modifica esencialmente tu vida, las sensaciones serán las mismas que antes del diagnóstico; incluso mejores...porque solemos salir reforzados de una situación imprevista y compleja.
En términos de psicología, los pacientes con diabetes debemos tener un locus de control interno, es decir, atribuimos lo que nos pasa a nosotros mismos, a nuestra acción o nuestra omisión.Al contrario que cuando te operan de una pierna...digamos que la mejora se atribuye solamente al médico.
Esto es muy importante que sea así, porque en nuestra enfermedad somos pacientes activos...jamás debemos ser pacientes pasivos.
Unido a esto, las mediciones de glucemias, la hemoglobina glicosilada, las consultas trimestrales con el endo...no dejan de ser multitud de pequeños o grandes exámenes a los que nos vemos sometidos.
Ese locus de control interno (algo que depende de nosotros) a veces se traduce en una presión extrema que crea stress, inquietud y respuestas emocionales extremas.
Como enfermos crónicos debemos de ser conscientes de ello,saber que está en nuestras manos el control de la enfermedad pero al mismo tiempo saber que no siempre es posible estar al 100% y que aspectos de nuestra vida (laboral, familiar, personal, etc) van a influir en la motivación para controlar la diabetes.
Como dice Nacho, solemos pasar por diferentes fases de la enfermedad: negación-incredulidad; rebeldía-culpabilización; temor-disociación;negociación; depresión-tristeza y aceptación.
No todo el mundo pasa por todas las fases y ni siquiera en ese orden.
Ánimo y tira para delante...para ponerse triste y llorar siempre va a haber tiempo.