Los mitos de la diabetes aumentan sus riesgos

Es uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial, pero las falsas creencias sobre medicación y hábitos de vida potencian sus efectos

Andrea dejó de consumir todo tipo de frutas tras la recomendación de una amiga que también tiene diabetes. Le comentó que se lo había dicho una nutrióloga a un conocido de su esposo.

La información que pasa de voz en voz, deformándose un poco en cada oído, puede ser la más perjudicial, sobre todo si el asunto abordado es el tratamiento de una enfermedad, tal como la diabetes. Los mitos a su alrededor han contribuido a potenciar sus riesgos.

Para los especialistas, los mitos en torno a la diabetes están impidiendo que se trate de manera oportuna y adecuada. La doctora Leticia García Morales, Jefa del Departamento de Endocrinología y de la Clínica de Diabetes del Hospital Infantil de México Federico Gómez (HIMFG), señala que un gran mito en torno a esta enfermedad está relacionado precisamente con la alimentación.

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Hábitos de vida

“Se llega a pensar que el paciente diabético tiene que restringir de manera importante su dieta. Esto es mentira. La alimentación del diabético debe estar bien balanceada y contener la misma proporción de macronutrientes que la del individuo que no tiene esta condición, es decir: una dieta sana”, señala la especialista y explica que el problema de esta enfermedad es que las células no se pueden nutrir porque la insulina es la que hace que entren los nutrientes, entonces si se quita la principal fuente de energía, lo que se provoca es poner en desnutrición severa a las células y en un desgaste terrible al organismo.

García Morales dice que este equilibrio en la dieta consiste en 55 0 60% de carbohidratos o azúcares, pero de los llamados complejos, que son los buenos para el organismo y que están contenidos en frutas, verduras, cereales y leguminosas. La dieta también debe contener de un 15 a 20% de proteínas, es decir de productos de origen animal; así como un 20 a 25 % de grasas, de preferencia vegetales. Especica que si todos ajustáramos nuestra alimentación basados en estos porcentajes, disminuiría considerablemente el número de casos de diabetes.

“Lo único que el paciente diabético no debe de comer es lo que llamamos azúcares simples: todos los alimentos que vienen añadidos con azúcar, pero esto en realidad no lo debe comer ni el paciente con diabetes ni ninguna otra persona porque sabemos que para todos, niños y adultos, sus efectos son muy malos para la salud”, señala y subraya que se deben limitar los azúcares simples y las grasas saturadas, pero también abrir el paso sin ningún temor a productos del legado culinario tradicional mexicano, como los fríjoles, tortillas y verduras.


Temores infundados

Otro mito muy arraigado sobre el origen de la enfermedad es que puede ser ocasionada por algún suceso estresante. “De ninguna manera la diabetes va a estar ocasionada por algún susto o situación de alarma”, subraya y explica que lo que sucede es que la descarga de adrenalina es un mecanismo normal de defensa ante una situación estresante para el individuo y ésta genera más disposición de azúcar en la sangre para, por ejemplo, correr más rápido ante una amenaza.

“Se libera más azúcar a la sangre y sube un poco el nivel de glucosa, pero si no tenemos diabetes no la va a provocar. Lo que puede suceder probablemente es que ante una emoción fuerte, un paciente que ya tiene diabetes y lo desconoce probablemente se sienta mal, así que al efectuarle una determinación de azúcar, la encontrarán alta y entonces puede decir que fue el ‘susto’, pero las emociones fuertes no van a generar diabetes”.

La obesidad es el principal factor de riesgo, aunque no necesariamente todo obeso será diabético, ni todos los diabéticos son obesos. La doctora dice que por la complejidad de la enfermedad, hay familias con un factor genético tan fuerte que aunque el paciente no sea obeso, bastan malos hábitos para desarrollar la enfermedad, sin embargo también hay obesos que nunca la tienen. Enfatiza que el por qué no está claro, pues en el caso de los niños hay quienes, sin importar el grado de obesidad, generan muy rápido la diabetes.

“Una teoría muy personal es que cada vez vemos más que el desarrollo del niño en el útero tiene que ver con su capacidad futura para producir o no insulina de manera adecuada, es decir, los niños que tuvieron mayores factores que alteraron la programación de la producción de insulina en el páncreas desde la etapa prenatal probablemente sean los más predispuestos”.

Después de detectada la enfermedad, el paciente debe acostumbrarse a checar su glucosa y apegarse al tratamiento indicado, que generalmente implica la administración de insulina, sin embargo la doctora señala que en esta área se encuentra el mito probablemente más importante que ha crecido en torno a la diabetes, que la insulina puede afectar la salud.

“La insulina es una hormona indispensable para la vida y que todos debemos producir de manera normal. Justamente cuando no la generamos, o no actúa adecuadamente, nos da diabetes. Es así que debemos concluir que la insulina no es dañina, por el contrario, es muy benéfica para la salud, pero el temor a esta sustancia hace que muchas veces se tienda a rechazar el tratamiento e incluso que el paciente adulto no acuda con el médico por el miedo a que se la vayan a indicar en su tratamiento”.
De esta forma, los especialistas suelen econtrarse con enfermos renuentes a la administración de insulina, pero muy interesados en alternativas sin ningún sustento cientí co. “Otro mito que en realidad engloba a muchos más es el que dicta que existen muchas formas de quitar la diabetes, toda esta medicina ‘mágica’ que de pronto se anuncia en todos lados”.

Por el profundo impacto de la enfermedad en nuestro país, los llamados productos milagro prevalecen en todas partes prometiendo curar la enfermedad. “Debemos ser conscientes de que una vez que se instala la diabetes no se va a curar. No se va a regresar a la producción y buena acción de la insulina a nivel de la células y del páncreas, esto no se recupera, pero sí se logra un buen control de la enfermedad se pueden vivir muchos años sin complicaciones”.

Para la endocrinóloga es muy importante enfatizar que no existe en ninguna parte del mundo un producto que cure la diabetes.

“Existen muchas alternativas en investigación, que actualmente se están realizando en diferentes partes del mundo, incluido nuestro país, pero ninguna de ellas se puede considerar la cura de la diabetes y de pronto aparecen noticias que parecen anunciarlo, pero son sólo situaciones en experimentación, que todavía no han resultado”, señala y agrega que el día que esto sucede habrá un Nobel de por medio porque la diabetes es la enfermedad global más importante y que está matando a más gente en el mundo pero principalmente por el mal control de la enfermedad.
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